En algún momento de éste largo caminar, te sentiste exhausta, y decidiste sentarte a descansar.
Soltaste mi mano, y miraste al cielo.
Era realmente hermoso.
Yo continué andando sin ti a mi lado, pero unas millas más tarde me dí cuenta de lo difícil que resultaba hacer el viaje solo.
Me detuve a la orilla de la carretera, y espere por ti. Días y noches transcurrían; Comenzaba a creer que tendría que terminar el viaje sin ti.
Hasta que la suerte mi sonrió nuevamente, y a lo lejos te miré caminando hacía mi. Me puse de pie, y esperé por ti. Sujeté tu pequeña y cálida mano, y así, emprendimos nuevamente el viaje de nuestras vidas, juntos.
Sin saber realmente que habrá al final, nos aventuramos a lo desconocido una vez más.
Ésta vez con la esperanza de que al concluir, nuestras manos seguirán sujetas la una a la otra.
Por eso, sujeta mi mano con fuerza, y no la sueltes jamás.
